Club Excelencia en Gestión

El país que no cultivaba lo que quería

Juan Carlos Cubeiro, consejero en Human Age Institute y Head of Talent de ManpowerGroup

Por sus condicionantes geográficos (altitud, sol y fuertes lluvias) e históricos (preponderancia de la ganadería y 70% de la tierra en manos de la Iglesia y la nobleza), nuestro país cultiva principalmente el olivo (primer productor mundial de aceitunas), el caqui (segundo, tras China), la almendra (2º, tras EE UU), la avena (tercero, tras Rusia y Canadá) y la alcachofa (3º, tras Italia y Egipto), la vid (cuarto, tras China, Italia y Estados Unidos), el ají o guindilla (cuarto), la cebada (quinto), la naranja, la fresa y el albaricoque (sexto), el limón (séptimo) el centeno (8º) y el tomate (también octavo), además de cereales (trigo, maíz, arroz), lechugas, pimientos o melones. El sector primario ocupa menos del 5% del empleo y aporta menos del 2’5% del PIB.

JC Cubeiro - Manpower

De la agricultura, el jurista Cicerón (103 aC – 46 aC) acuñó el término “cultura”, como aquello que se cultiva, en la mente a título individual, en una organización o en una sociedad. Estudiada por la etnología y por la antropología (“el hombre es el más perfecto de los animales domésticos, Johann Friedrich Blumenbach), llegó a la gestión empresarial a finales de los 70 con Edgar Schein y como “mainstream”(corriente dominante) con Peters y Waterman (En busca de la excelencia). John Kotter (Harvard) demostró en su libro Cultura de empresa y rentabilidad (1992) que son las culturas corporativas las que distinguen a las empresas ganadoras de las que desaparecen. En los últimos 50 años, la mortalidad empresarial se ha quintuplicado, porque las culturas no se adaptan a un entorno VUCA (Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo).

Tras la pandemia, la incertidumbre se ha acelerado y el 90% de las compañías no está cultivando lo que quiere: el talento a través de procesos eficientes (la mayor fuente de eficiencia es el orgullo de pertenencia) e innovadores (la innovación es trabajo en equipo desde la creatividad) para atraer, fidelizar y “suscribir” a los clientes y obtener rentabilidad sostenida (El Cuadro de Mando Integral, Norton y Kaplan).  Una secuencia estratégica que depende del CEO y del equipo directivo, de la calidad de su Liderazgo.

España, el país de la calidad de vida, es el 23º en competitividad (World Economic Forum, 2019). Es el 116º en prácticas de selección de talento y desvinculación, el 73º en cooperación entre empleados y empresa (un aspecto cultural esencial), el 62º en flexibilidad salarial, el 92º en compensación ligada a la productividad, el 69º en delegación, el 76º en diversidad, el 98º en actitud emprendedora, el 43º en calidad directiva. Un reloj de arena con 3.000 organizaciones excelentes, innovadoras y sostenibles (certificadas como tales por el Club Excelencia en Gestión) y más de 3 millones de micropymes (tres puntos por encima de la media de la UE), la mayoría prestas a desaparecer por falta de una cultura idónea.

¿Por dónde empezar? Por el T3 (Test, Track & Trace) del Liderazgo. Por medir y analizar la calidad directiva para desarrollarla a través del coaching. El 70% de la cultura la forja, voluntariamente, quien dirige la empresa a través de sus decisiones cotidianas. Por atraer el talento que se necesita y desvincular profesionalmente (outplacement) a quienes se resisten. Por un replanteamiento estratégico, con herramientas como el “canvas” (Osterwalder & Pygneur) o la Innovación de Valor (Kim Chan & Renée Mauborgne) para marcar la pauta. La España de ERTEs reactivos sin iniciativa de valor para el cliente lleva a la defunción empresarial y al empobrecimiento del país.

Es tiempo de valientes, de diagnosticar la cultura y ofrecer un futuro ilusionante.

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